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Perfil 10 de Diciembre de 2016

“Cada día es menos quijotesco trabajar por el arte”

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Foto: Orlando Amador Rosales.

María Eugenia, en el primer piso del Museo de Arte Moderno de Barranquilla, en donde está parte de la exhibición ‘20 años, 20 nombres’.

ALEJANDRO ROSALES @ALEJOSALESM

María Eugenia Castro Mejía es la directora del Mamb, que acaba de cumplir 20 años. Por estos días no se cambia por nadie con esta celebración de la que es pieza fundamental.

María Eugenia Castro llegó a las 3:10 de la tarde del pasado lunes a la cita con Gente Caribe, solo unos minutos después de lo acordado. “Discúlpenme, es que ustedes (los periodistas) siempre me hacen esperar”, dijo con un tono de voz pausado, dicción perfecta y sonrisa delicada. Lucía un vestido blanco en el que bien se podría pintar una obra maestra. Su andar por el Museo de Arte Moderno de Barranquilla (Mamb) es más como el de una ama de casa que vela por mantener su hogar impecable, que el de una directora, cargo que ocupa. Mira y detalla todo, nos acompaña en un recorrido y ajusta detalles de la exposición 20 años, 20 nombres, con la que celebró al día siguiente (martes 6 de diciembre) dos décadas de fundación del Mamb. A ella, de padres vallenatos y oriunda de Santa Marta, la “entusiasman” las formas de comunicación que permite el arte. Está contenta, pero no eufórica, sabe que faltan varias décadas para que el colectivo de personas que habita la ciudad se concientice de la importancia de los museos como “centros importantísimos del desarrollo y la cultura”. María Eugenia, sin duda, hoy día es la pieza más importante que posee el Mamb en sus 20 años de arte.
 
María Eugenia posa adelante de la obra ‘Signo solo’, del maestro Manuel Hernández.
 
 P:  ¿Qué tan quijotesco ha sido buscar patrocinio para el arte en Barranquilla?
 R:  Cada día es menos quijotesco, eso fue al principio que no estábamos en la sede adecuada porque era muy pequeña, tal vez era la mejor del mundo, La Aduana, pero muy pequeña. Éramos dos personas, la que atendía al público y yo, que trabajaba desde mi oficina personal. Luego, con la generosidad de Terpel y de Promigas pude conseguir esto en comodato, eso nos dio un respiro, pero yo creo que a raíz de que nos mudamos y que hemos hecho tanto hincapié en la parte de educación y buenas exposiciones, ya la gente comienza a responder, sobre todo, hemos hecho mucho con los niños. Conseguimos un autobús, que es el Buséfalo, y los traemos constantemente, entonces yo sí creo que eso va abonando el camino para una cultura más sólida. Cada vez hay más eventos, El Carnaval de las Artes o el Festival de Teatro, hay más actividades que las que habían antes. Yo creo que todas estas instituciones culturales han puesto su grano de arena para que la cultura renazca en Barranquilla.
 
 P:  ¿Qué personas la acompañaron en esa primera etapa del museo? 
 R:  Me gustaría destacar al doctor Gustavo Bell, siempre le poníamos mucho pereque, le decíamos que para qué aceptaba una vicepresidencia cuando él era presidente de la Junta del Museo de Arte Moderno (risas). También Guillo Marín, Carlos Diepa. Le hicimos un homenaje al padre de Carlos y a Guillo que estuvieron en las primeras fundaciones del museo. No sé si era la segunda o la tercera fundación porque se hacían los estatutos, caducaban y no comenzaba a funcionar. Todo esto viene de los años 50 cuando se creó el Centro Artístico que tenía una orquesta filarmónica, presentaba obras de teatro y conciertos. Después hicieron un museo de arte y comenzaron las bienales latinoamericanas(...) El Centro Artístico poseía una pequeña gran colección de arte que pasó ahora al Museo de Arte Moderno, que fundamos hace 20 años.
 
P:  ¿Dentro de esas obras está la de Fernando Botero?
 R:  Sí (El milagro de la niña devorada por el colibrí, 1960), El toro cóndor, de Obregón, también, o sea que nuestras joyas a nivel colombiano, muchas vienen del Centro Artístico.
 
 P:  Usted es hija de padres vallenatos, ¿de dónde nace su amor por el arte?
 R: La verdad es que yo me acuerdo de pequeña oír muchas discusiones alrededor de la mesa sobre lo que era arte y lo que no era. Mi papá, (Pedro Castro Monsalvo) por ejemplo, no lograba entender el arte de Dalí y eso era un tema de discusión con sus primos mayores que eran arquitectos y tenían una cultura mucho más amplia. Luego a mamá (Paulina Mejía de Castro) le gustó mucho el arte y comenzó a comprar cuadros, el primero creo que fue un Wiedemann, después compró un Obregón y así fui viendo llenar la casa.
 
 P:  ¿Cuándo llegó a Barranquilla?
 R:  Mis padres llegan aquí en el año 59, una cosa así, vivían en Santa Marta y se mudaron a Barranquilla. Yo estudiaba interna en el Marymount, pero en el año 60 me fui a Medellín interna con unas amigas del colegio, era una delicia, la pasé muy bien.
 
 P:  Qué ha disfrutado más en estos 20 años del Mamb...
 R:  Cada día ha traído una satisfacción. De las cosas que más me gusta es cuando llego al museo y encuentro que está lleno de niños con sus caritas de curiosidad y alegría por salir del colegio y montarse en ese bus maravilloso que tenemos, eso da mucha satisfacción. Luego, cuando veo que cada día viene más gente y de pronto voy a parquear en algún sitio y el que cuida los carros me dice que me ha guardado el puesto, eso me alegra mucho, saber que ya la gente, no importa que persona sea, tenga la idea del museo metiéndose en su cabeza, eso es satisfactorio.
 
 P:  De los muchos museos que ha visitado en el mundo a qué cree que le debemos apuntar en Barranquilla con el Mamb...
 R:  Ya le hemos apuntado a un gran diseño (se refiere a la nueva sede que se construye en el Parque Cultural del Caribe). Aquí, como dice el maestro Álvaro Barrios, “como el Moma de Nueva York”. Ahora, no vamos a llegar a ser como el Moma porque Barranquilla no es Nueva York ni tenemos el dinero que tienen los americanos, pero sí seguimos una línea, dentro de nuestras posibilidades, como el Moma. Algún día nos gustaría ser el Moma número dos (risas).
 
 P:  ¿Cuál es su obra favorita dentro de las que están en el Mamb? 
 R:  Me gusta mucho el arte abstracto, pero hay tantas obras que decirte una… me encanta El toro cóndor de Obregón, las de Manuel Hernández. Hay unas obras figurativas como las de Álvaro Barrios, o conceptuales más bien. A mí el arte en general me fascina, me llega, es difícil decir “mi obra predilecta es tal”…si pudiera me las llevaba para mi casa (risas).
 
 P:  ¿Alguna vez intentó ser artista?
 R:  Nunca he sido artista, no tengo nada de facilidad para dibujar o pintar. Cuando estaba en el colegio tomaba clases para hacer arreglos florales con una señora cubana y nunca aprendí, pero siempre me ha encantado el arte. Fundé con Jairo Quintero la Galería Quintero, después fundé otra que se llamaba Galería Arteria, entonces me gusta el mundillo del arte, la gente que está en el arte, me gusta ver la creatividad, las formas de comunicarse, porque el arte no es sino comunicación, unos de una forma y otros de otra, pero todo el mundo quiere hablar y quiere decir lo que siente a través del arte y a mí eso me entusiasma.
 
P:  ¿Siente que la influenció el grupo de Barranquilla?
 R:  Antes, la ciudad había sido cuna de tanta gente como Obregón, García Marquéz, Álvaro Cepeda Samudio y de pronto hubo como una temporada de falta de artistas, de pronto como que se secó la inspiración, no hubo nadie que volviera a brillar y yo creo que ya comienza otra vez a verse escritores buenos, está como entrándole a uno la vida al cuerpo otra vez. Yo creo que ese fue un grupo que marcó una época, justamente recibí la donación de una maqueta que es para construir una escultura que dejó Feliza Bursztyn y que su viudo nos ha regalado para ponerla afuera del museo, como un homenaje al Grupo de Barranquilla. 
 
La directora del Mamb observa el cuadro de Botero: ‘El milagro de la niña devorada por el colibrí’.
 
 
 

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