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Millennials 24 de Junio de 2017

Nicolás Costa y el reto de ser padre en esta generación

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Foto: Orlando Amador Rosales

En septiembre, Nicolás celebra cinco años de matrimonio con Lina Baca, quien lo acompaña en la foto con sus hijos Nicolás y Verónica.

Inguel Julieth De La Rosa Vence

Sus dos hijos, de 4 y 1 año, son el motor que lo impulsan a ser la mejor versión de sí mismo, tanto a nivel personal, como profesional en Administración y Marketing.

¿Que los millennials priorizan el éxito profesional por encima de una realización familiar? No siempre. Para Nicolás Costa Ossa no hay trabajo más importante ni proceso de aprendizaje más gratificante que ser padre. Tiene 32 años y se casó hace cinco con la mamá de sus dos hijos, esos que a diario le exigen ser la mejor versión de sí mismo.
 
“Ser padre es un reto y el millennial es un ser que busca retos”, expresa el barranquillero que está aprendiendo a ser papá en esta era de la información. Su base fundamental es la educación que recibió en casa.   
 
“Nico, mi hijo mayor, además de ser un niño muy energético, es muy sagaz, entonces me reta mucho como padre, me lleva al límite, me exige que debo ser el mejor, porque eso es lo mínimo que él espera de mí”, comenta.
 
A los 16 años, cuando Nicolás culminó el bachillerato en el Colegio Sagrado Corazón “no tenía claro qué estudiar”. Estudió dos años Ingeniería Industrial, pero descubrió que tenía “una personalidad muy abierta para la rigidez de una ingeniería”.  
 
“Me costó encontrar la vocación, entonces investigué y me entendí con la Administración de Empresas, que me da una visión holística de todo lo que compone una organización. Si bien no me especializa en un campo en específico, sí me da la capacidad de manejarlos todos y darme más opciones a nivel laboral”, reconoce el administrador egresado de Uninorte que, luego, atendiendo a sus intereses comerciales, decidió especializarse en Mercadeo en la misma universidad. “Me va muy bien con las relaciones interpersonales”, considera.
 
Con esta base profesional, Nicolás llegó a Koombea hace seis años en respuesta al llamado de su amigo Jonathan Tarud, quien lo requirió para organizar la compañía que, aun cuando estaba creciendo muchísimo, no contaba con una estructura administrativa que soportara ese crecimiento. Para la época de su ingreso, como director administrativo, la empresa contaba con 28 trabajadores. Hoy, que ejerce como director de Marketing, el personal lo conforman unos 100 empleados. 
 
“En mis primeros dos años logramos darle una estructura robusta a la empresa y tener 70 trabajadores. Ahí decidí dar el siguiente paso: consolidar un área de mercadeo y ventas”.
 
Además de ser director de Marketing de Koombea, Nicolás se desempeña como asesor de emprendimientos a nivel local.
 
El balance. Koombea es una  empresa que se especializa en el desarrollo de productos digitales (aplicaciones para todo tipo de plataformas) y negocios alrededor de estos. Nació en Barranquilla hace 10 años y hoy cuenta con oficinas en Miami, Nueva York, San Francisco, Oklahoma e, incluso, en Dubái. 
 
La edad promedio de los trabajadores de esta compañía es 23 años. Por tanto, un beneficio que la empresa procura ofrecer es el balance que el millennial busca en su era.
 
“En lo que más estamos enfrascados los millennials es en hallar el balance entre vida y trabajo. Ese es el gran dilema de hoy y uno lo va resolviendo en el camino, depende de cada quien darle más importancia al éxito profesional o a construir una familia”. 
 
Así las cosas, Nicolás afirma que las empresas modernas deben ofrecerles ese equilibrio a todos los empleados para que puedan trabajar con mucha eficiencia, ser productivos, sin sentirse absorbidos, sobre todo, en un trabajo de innovación como este que les exige pensar mucho.
 
“En el caso de Koombea tenemos horarios flexibles, ingresamos a las 9 de la mañana, hay un día a la semana que podemos trabajar desde la casa y nuestras oficinas son abiertas, laboramos en espacios colaborativos, porque esa es la forma como esta generación quiere desenvolverse en el trabajo”, dice, convencido de que si no se tiene una vida tranquila, con espacio para la familia, no es posible ser bueno en su profesión.  
 
A propósito de balance, este concepto también dice aplicarlo en la crianza de sus hijos: “En mi hogar el equilibrio entre lo digital y la vida al aire libre es bastante sano. Nico (el primogénito) tiene 4 años y ve televisión solo los fines de semana, si estamos en casa. A él lo que más le gustan son los deportes, practica natación, fútbol, béisbol, patinaje, hace de todo y ahora también quiere estar en clases de karate”.
 
En estas vacaciones, como es costumbre, Nicolás viajará con su esposa Lina María Baca y sus dos pequeños, Nico y Verónica, de un añito. Pasará el verano en Nueva York, donde también puede cumplir con su labor de marketing en Koombea. Sin duda, trabajar en lo que le apasiona, desde cualquier parte del mundo y sin descuidar a su familia, es conquistar el éxito.

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