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La Cita Positiva 07 de Enero de 2017

Volver a la realidad

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Sandra Leventhal

Se acerca el momento de despedir las vacaciones y regresar a la realidad. Hemos compartido con seres queridos, hemos descansado y se acerca el momento de reintegrarnos a las tareas cotidianas, se hace casi imposible no sentir una mezcla de nostalgia por el momento que queda atrás y la incertidumbre por aquello que podría traer el año que inicia.

Uno de los motivos para este desasosiego radica en la nostalgia que produce dejar atrás esas oportunidades de compartir con seres queridos, alrededor de celebraciones y alegrías, baja la intensidad de la vida social y familiar y vuelven la rutina y las actividades regulares cotidianas.

También regresan el estrés, la incertidumbre y los asuntos del día a día, las obligaciones y los compromisos laborales, dejando atrás las vacaciones y las celebraciones. Con el nuevo año llegan las resoluciones que comenzamos a incumplir y un nuevo foco de angustia para nuestros días.

La mejor forma de entrar suavemente en nuestras rutinas cotidianas es hacerlo con calma, ser pacientes y tolerantes con nosotros mismos y hacerlo de manera gradual, para tener el tiempo necesario de adaptarnos al nuevo inicio de nuestro plan de vida. Para las nuevas resoluciones, mantenerlas realistas, simples y darnos el permiso de fracasar, para volver a intentarlo.

Por ejemplo: es mejor comenzar a madrugar de manera transitoria, despertándonos cada día un poco más temprano, que hacerlo de manera radical esperando al primer día de trabajo. Buscar retomar la rutina de ejercicios un poco antes de retornar al trabajo, revisar tareas que quedaron pendientes y evacuar algunas poco a poco, para no recibir todas las obligaciones de un solo golpe.

Revisar las resoluciones, escoger las tres más importantes, mantener esas tres y descartar el resto. Comenzar por la resolución más relevante y colocar pasos estratégicos y concretos para lograr mantenerla y así tener más posibilidad de ser exitosos en nuestros propósitos.

Hacer promesas es irracional, ya que produce emociones positivas y sentimientos de poder, cuando nos prometemos cambios o nuevos hábitos o cambios de conducta o nuevos retos, nos sentimos optimistas y seguros que vamos a cumplir con nuestros propósitos. Pero lo cierto es que prometer no implica ningún esfuerzo real, y mantener nuestros propósitos o cambiar nuestros hábitos implica un esfuerzo y un compromiso que podría llegar a ser incómodo e, incluso, tortuoso, lo que naturalmente rechazaremos.

Mi consejo: mantenerse realistas, colocar metas alcanzables, saber que requerirán esfuerzo, saber que fracasar una vez en el camino no es fracasar y permitirnos esas caídas, apoyarnos en nuestro esfuerzo y recordar que como humanos podemos equivocarnos, ¡tenemos todo un año para lograrlo!

www.sandraleventhal.com

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Volver a la realidad

Sábado, Enero 7, 2017 - 00:00
Sandra Leventhal

Se acerca el momento de despedir las vacaciones y regresar a la realidad. Hemos compartido con seres queridos, hemos descansado y se acerca el momento de reintegrarnos a las tareas cotidianas, se hace casi imposible no sentir una mezcla de nostalgia por el momento que queda atrás y la incertidumbre por aquello que podría traer el año que inicia.

Uno de los motivos para este desasosiego radica en la nostalgia que produce dejar atrás esas oportunidades de compartir con seres queridos, alrededor de celebraciones y alegrías, baja la intensidad de la vida social y familiar y vuelven la rutina y las actividades regulares cotidianas.

También regresan el estrés, la incertidumbre y los asuntos del día a día, las obligaciones y los compromisos laborales, dejando atrás las vacaciones y las celebraciones. Con el nuevo año llegan las resoluciones que comenzamos a incumplir y un nuevo foco de angustia para nuestros días.

La mejor forma de entrar suavemente en nuestras rutinas cotidianas es hacerlo con calma, ser pacientes y tolerantes con nosotros mismos y hacerlo de manera gradual, para tener el tiempo necesario de adaptarnos al nuevo inicio de nuestro plan de vida. Para las nuevas resoluciones, mantenerlas realistas, simples y darnos el permiso de fracasar, para volver a intentarlo.

Por ejemplo: es mejor comenzar a madrugar de manera transitoria, despertándonos cada día un poco más temprano, que hacerlo de manera radical esperando al primer día de trabajo. Buscar retomar la rutina de ejercicios un poco antes de retornar al trabajo, revisar tareas que quedaron pendientes y evacuar algunas poco a poco, para no recibir todas las obligaciones de un solo golpe.

Revisar las resoluciones, escoger las tres más importantes, mantener esas tres y descartar el resto. Comenzar por la resolución más relevante y colocar pasos estratégicos y concretos para lograr mantenerla y así tener más posibilidad de ser exitosos en nuestros propósitos.

Hacer promesas es irracional, ya que produce emociones positivas y sentimientos de poder, cuando nos prometemos cambios o nuevos hábitos o cambios de conducta o nuevos retos, nos sentimos optimistas y seguros que vamos a cumplir con nuestros propósitos. Pero lo cierto es que prometer no implica ningún esfuerzo real, y mantener nuestros propósitos o cambiar nuestros hábitos implica un esfuerzo y un compromiso que podría llegar a ser incómodo e, incluso, tortuoso, lo que naturalmente rechazaremos.

Mi consejo: mantenerse realistas, colocar metas alcanzables, saber que requerirán esfuerzo, saber que fracasar una vez en el camino no es fracasar y permitirnos esas caídas, apoyarnos en nuestro esfuerzo y recordar que como humanos podemos equivocarnos, ¡tenemos todo un año para lograrlo!

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