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La Cita Positiva 19 de Agosto de 2017

No me gusta mi hijo

El usuario es:
Sandra Leventhal

Hace unos días a mi consulta privada llegó un padre muy angustiado, estaba muy alterado y con algo de vergüenza. Después de indagar un rato me reconoció las siguientes palabras: No me gusta mi hijo, creo que no lo tolero. Es más creo que ni siquiera lo quiero. El hombre estaba muy avergonzado y cargaba con un profundo dolor, producto de la culpa y de años y años de esconder esa sensación.

Quisiera decirles que es un caso muy extraño, pero desafortunadamente es un caso bastante común. El amor de padre a hijo no viene de manera natural, ya que el padre no tienen la oportunidad de sentirlo en su vientre desde la concepción. Es más una construcción emocional que se da con el pasar del tiempo y la cercanía de este ser nuevo y su padre.

Es un amor que se construye, en un principio, en el dar desinteresado del padre en los años de infancia y luego en la tolerancia y el deseo de entregar amor incondicional a su hijo, compartiendo con él los momentos que el niño busca compartir, o creando un espacio común para los dos. El amor es un ejercicio de dar.

Cuando un padre no siente esa afinidad emocional hacia su hijo es la oportunidad de invertir en construir espacios de unión con él. Es el momento de comenzar a darse la oportunidad de conocer a este ser que ha estado en su vida durante ciertos años, y la forma es comenzar a dar de sí mismo como padre y como guía, recordando que el hijo no es una prolongación de él mismo, es otro ser en su universo.

Dar amor construye amor, crea cercanía y fomenta lazos de amistad. Es una inversión, y entre más invertimos mayores las retribuciones en lazos de afecto. Las relaciones afectivas son como las flores: requieren ser atendidas y cuidadas para florecer. No se ama a un ser humano por el simple hecho de tenerlo cerca o presente, es indispensable construir estas relaciones.

¿Cómo? Mediante el respeto, la confianza y la consideración. Reconocer que es imprescindible tolerar ideas diferentes a las propias y dar espacio para permitir que cada quien desarrolle el derecho a ser individual.

Los hijos no son una prolongación de nosotros mismos, son más bien el producto de la unión de dos seres humanos que traen al mundo un nuevo proyecto de vida convertido en ese humano. Pero este proyecto de vida trae consigo sus propios sueños y necesidades, así como su personalidad, su carácter y su forma personal de navegar la vida.

Nosotros como padres tenemos el deber de acompañarlos y ayudarles a esta construcción, dándoles las herramientas que ellos necesitan, potencializando así sus sueños. Finalmente lo que buscamos es que sean felices y eso lo logramos cuando somos capaces de reconocerlos como individuos. 
 

Sandraleventhal@gmail.com
 

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