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La Cita Positiva 10 de Diciembre de 2016

No hagas olas

El usuario es:
Sandra Leventhal
Nuestra vida por lo general está organizada de una manera definida, este ritmo conocido nos permite crear rutinas que disminuyen la ansiedad de lo inesperado, dándonos una sensación de tranquilidad y certidumbre. Estamos diseñados para mantener las rutinas y confiar en aquello conocido.
 
Es por esto que todo cambio tiene el potencial de generarnos ansiedad y miedo, por cuanto lo nuevo, lo desconocido, podría movernos de nuestra zona de confort agitándonos hacia lo desconocido, aún cuando esta novedosa dimensión esté llena de promesas, o lo que dejemos atrás nos cree inestabilidad y malestar. No queremos agitar las olas.
 
Lo cotidiano produce tranquilidad, y esta realidad es la que nos paraliza a cambiar, frena la necesidad de buscar otros horizontes e incluso nos ancla a procesos poco sanos que podrían ir en contravía de nuestro propio bienestar.
 
Así soportamos una mala relación de pareja o toleramos una amistad dañina, nos quedamos en un trabajo que no nos produce satisfacción, aceptamos quedarnos en una profesión que no nos motiva o toleramos política corrupta y mal intencionada. Nos convertimos en seres complacientes del status quo. Todo para no tener que salir de aquello que es ya conocido y que se denomina la zona de confort.
 
Esto se debe al miedo que nos produce lo desconocido, ya que saltar a ello es como saltar al vacío. Es ese adagio que dice que más vale malo conocido que bueno por conocer.
 
¿Acaso es cierto esto?.Hasta cierto punto es verdad que mantener la zona de confort tranquiliza y disminuye la ansiedad, pero también se ha demostrado que a la larga genera más estrés que bienestar debido a la frustración que se podría originar al pasar del tiempo. Tarde o temprano, llega un momento en que el status quo ya no se puede sostener y comienza a crear una presión emocional casi imposible de desconocer.
 
¿Qué hacer?.Ante todo tomar conciencia de la situación y si nos está produciendo malestar, hacerlo consiente para así poder comenzar a considerar cambios que poco a poco podríamos ir organizando en hojas de ruta precisas con acciones definidas. Esto nos permite tomar control de futuras decisiones disminuyendo la sensación de incertidumbre.
 
Evaluar que tanto necesitamos el cambio y que tanto lo que requerimos es un respiro o simplemente un tiempo fuera, así podemos diseñar estrategias para continuar haciendo pequeños cambios o prepararnos para un salto mayor.
 
Lo que sí es definitivo es hacernos cargo de nuestros deseos y la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos de crear la realidad en la cual deseamos vivir y construirla. Finalmente solo tenemos una vida. ¿Por qué no hacer de ella la mejor que podamos? 

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No hagas olas

Sábado, Diciembre 10, 2016 - 00:00
Sandra Leventhal
Nuestra vida por lo general está organizada de una manera definida, este ritmo conocido nos permite crear rutinas que disminuyen la ansiedad de lo inesperado, dándonos una sensación de tranquilidad y certidumbre. Estamos diseñados para mantener las rutinas y confiar en aquello conocido.
 
Es por esto que todo cambio tiene el potencial de generarnos ansiedad y miedo, por cuanto lo nuevo, lo desconocido, podría movernos de nuestra zona de confort agitándonos hacia lo desconocido, aún cuando esta novedosa dimensión esté llena de promesas, o lo que dejemos atrás nos cree inestabilidad y malestar. No queremos agitar las olas.
 
Lo cotidiano produce tranquilidad, y esta realidad es la que nos paraliza a cambiar, frena la necesidad de buscar otros horizontes e incluso nos ancla a procesos poco sanos que podrían ir en contravía de nuestro propio bienestar.
 
Así soportamos una mala relación de pareja o toleramos una amistad dañina, nos quedamos en un trabajo que no nos produce satisfacción, aceptamos quedarnos en una profesión que no nos motiva o toleramos política corrupta y mal intencionada. Nos convertimos en seres complacientes del status quo. Todo para no tener que salir de aquello que es ya conocido y que se denomina la zona de confort.
 
Esto se debe al miedo que nos produce lo desconocido, ya que saltar a ello es como saltar al vacío. Es ese adagio que dice que más vale malo conocido que bueno por conocer.
 
¿Acaso es cierto esto?.Hasta cierto punto es verdad que mantener la zona de confort tranquiliza y disminuye la ansiedad, pero también se ha demostrado que a la larga genera más estrés que bienestar debido a la frustración que se podría originar al pasar del tiempo. Tarde o temprano, llega un momento en que el status quo ya no se puede sostener y comienza a crear una presión emocional casi imposible de desconocer.
 
¿Qué hacer?.Ante todo tomar conciencia de la situación y si nos está produciendo malestar, hacerlo consiente para así poder comenzar a considerar cambios que poco a poco podríamos ir organizando en hojas de ruta precisas con acciones definidas. Esto nos permite tomar control de futuras decisiones disminuyendo la sensación de incertidumbre.
 
Evaluar que tanto necesitamos el cambio y que tanto lo que requerimos es un respiro o simplemente un tiempo fuera, así podemos diseñar estrategias para continuar haciendo pequeños cambios o prepararnos para un salto mayor.
 
Lo que sí es definitivo es hacernos cargo de nuestros deseos y la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos de crear la realidad en la cual deseamos vivir y construirla. Finalmente solo tenemos una vida. ¿Por qué no hacer de ella la mejor que podamos? 
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