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La Cita Positiva 26 de Noviembre de 2016

Más allá de la razón

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Sandra Leventhal
Sentir pasión es una de las sensaciones más poderosas de un ser humano, se puede convertir en un motor muy eficaz para lograr alcanzar diferentes objetivos. La pasión puede alimentarnos y ayudarnos a construir sueños que podrían parecer inalcanzables, nos otorga la seguridad plena de creer en una posibilidad o en una verdad, incluso más allá de la razón…
 
Entonces podríamos comenzar a ubicarnos en una línea oscura donde nuestras creencias o nuestras convicciones podrían comenzar a sobrepasar la razón, podríamos estar tan convencidos de nuestra verdad que las barreras de lo crítico correrían el riesgo de desdibujarse dando paso a lo extremo, a lo fanático.
 
¿Cómo se llega a esta dimensión? Por medio del miedo. Se trata del encuentro entre un momento de desesperanza y la llegada de una tabla de salvación que, frente a las limitaciones, la angustia y el miedo, cobra un valor sobredimensionado donde no hay cabida para la razón.
 
Se trata de una construcción basada en lo sobrenatural, lo sobre-emocional, a lo que se le ha otorgado una fuerza infinita, que no admite ningún tipo de cuestionamiento, haciendo imposible el diálogo, las explicaciones racionales y mucho menos el debate.
 
El fanatismo nubla la visión de aquel que se sumerge en este universo. Solo sus creencias y solo su verdad es válida, no existe el balance, no existen otras posibilidades. Se puede ser fanático de muchas maneras, ya sea en la orientación de las creencias como el fanático político, o en aquello que interesa como un fanático deportivo, e incluso respecto a un ídolo o fanático de un artista.
 
Cualquiera que sea, el fanatismo es mal, por cuanto se trata de una demostración exagerada por un único interés que sobrecoge la realidad de la persona, llevándola a la irracionalidad, a la soledad, al extremismo e incluso a la violencia.
 
Ese deseo absoluto de vivenciar esa creencia irracional que cobija el objeto de pasión, podría amenazar con acabar con todo. Hemos sido testigos de jóvenes que se unen a grupos terroristas, fanáticos que asesinan a sus ídolos, o hinchas heridos que destruyen el patrimonio público. Hace tan solo unos días aquí en Barranquilla fuimos testigos de una situación de fanatismo frente a dos equipos de fútbol y el patrimonio de todos los ciudadanos. La pregunta que nos asalta es  ¿qué hacer?
 
Para comenzar, fortalecer los valores prosociales y educar en el valor de lo racional; permitir el sano debate dentro de los marcos del respeto; propender por el intercambio de ideas en un marco de tolerancia y respeto; fortalecer los lazos familiares y de amistad.
 
Comprender que cada uno de nosotros tenemos derecho a nuestra verdad, y esta es válida siempre y cuando no atente contra la verdad de los otros y me permita construirla con tolerancia. Disentir es una manera de construir sociedad siempre y cuando se haga con respeto. 
 

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Más allá de la razón

Sábado, Noviembre 26, 2016 - 00:00
Sandra Leventhal
Sentir pasión es una de las sensaciones más poderosas de un ser humano, se puede convertir en un motor muy eficaz para lograr alcanzar diferentes objetivos. La pasión puede alimentarnos y ayudarnos a construir sueños que podrían parecer inalcanzables, nos otorga la seguridad plena de creer en una posibilidad o en una verdad, incluso más allá de la razón…
 
Entonces podríamos comenzar a ubicarnos en una línea oscura donde nuestras creencias o nuestras convicciones podrían comenzar a sobrepasar la razón, podríamos estar tan convencidos de nuestra verdad que las barreras de lo crítico correrían el riesgo de desdibujarse dando paso a lo extremo, a lo fanático.
 
¿Cómo se llega a esta dimensión? Por medio del miedo. Se trata del encuentro entre un momento de desesperanza y la llegada de una tabla de salvación que, frente a las limitaciones, la angustia y el miedo, cobra un valor sobredimensionado donde no hay cabida para la razón.
 
Se trata de una construcción basada en lo sobrenatural, lo sobre-emocional, a lo que se le ha otorgado una fuerza infinita, que no admite ningún tipo de cuestionamiento, haciendo imposible el diálogo, las explicaciones racionales y mucho menos el debate.
 
El fanatismo nubla la visión de aquel que se sumerge en este universo. Solo sus creencias y solo su verdad es válida, no existe el balance, no existen otras posibilidades. Se puede ser fanático de muchas maneras, ya sea en la orientación de las creencias como el fanático político, o en aquello que interesa como un fanático deportivo, e incluso respecto a un ídolo o fanático de un artista.
 
Cualquiera que sea, el fanatismo es mal, por cuanto se trata de una demostración exagerada por un único interés que sobrecoge la realidad de la persona, llevándola a la irracionalidad, a la soledad, al extremismo e incluso a la violencia.
 
Ese deseo absoluto de vivenciar esa creencia irracional que cobija el objeto de pasión, podría amenazar con acabar con todo. Hemos sido testigos de jóvenes que se unen a grupos terroristas, fanáticos que asesinan a sus ídolos, o hinchas heridos que destruyen el patrimonio público. Hace tan solo unos días aquí en Barranquilla fuimos testigos de una situación de fanatismo frente a dos equipos de fútbol y el patrimonio de todos los ciudadanos. La pregunta que nos asalta es  ¿qué hacer?
 
Para comenzar, fortalecer los valores prosociales y educar en el valor de lo racional; permitir el sano debate dentro de los marcos del respeto; propender por el intercambio de ideas en un marco de tolerancia y respeto; fortalecer los lazos familiares y de amistad.
 
Comprender que cada uno de nosotros tenemos derecho a nuestra verdad, y esta es válida siempre y cuando no atente contra la verdad de los otros y me permita construirla con tolerancia. Disentir es una manera de construir sociedad siempre y cuando se haga con respeto. 
 
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