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La Cita Positiva 04 de Noviembre de 2017

¿Le temes a tus hijos?

El usuario es:
Sandra Leventhal

Es común que hoy en día sean varios los padres que experimentan miedo de sus hijos, no es propiamente que les teman, es que frente al comportamiento de estos se encuentran impotentes y no saben en qué momento podrían verse en medio de una pataleta y pasar un mal rato. Es así como comienzan a evitar reprimendas en lugares públicos y sin darse cuenta dan rienda suelta con tal de no pasar una vergüenza.

Un padre es ante todo un modelo para su hijo, además debe ser la guía de este, por ende está llamado a colocar límites claros y coherentes, como podría realizar esta labor sintiendo miedo

En los últimos años vemos padres empecinados en convertirse en los mejores amigos de sus hijos, desdibujando linderos indispensables para la buena crianza.

Cuando un padre se ve enfrentado a una pataleta de su hijo, la primera reacción es de angustia, es una crisis que genera estrés e incomodidad y si esta es en público está la amenaza de sentirse exhibido. En ese momento es muy fácil caer en la trampa de dejar caer los limites, este comportamiento al no corregirse es susceptible de dar una escalada, y la próxima vez podría ser peor. Estos momentos son las oportunidades para dejar claro quién es el padre y por ende la autoridad y quien es el hijo y que se espera de él.

Autoridad desde la guía coherente de aquello que es aceptable como comportamiento y guía, frente al deber ser. Ante todo se debe buscar como primera medida contener la crisis sabiendo de antemano que nuestros hijos necesitan de límites para sentirse seguros. Dejarles saber que una pataleta no es un comportamiento adecuado. Si son pequeños lo más sano es asegurarse que se encuentran salvos y dejarlos vivir su pataleta, ignorando la carga emocional y explicándoles las emociones que están actuando. Por lo general es frustración.

Por temor a las actuaciones de nuestros hijos no debemos como padres flaquear en la firmeza de nuestros valores, es primordial dejarles saber de manera clara que comportamiento es permitido y que comportamiento acarrea consecuencias claras. Es importante que estas consecuencias sean definidas en pareja ante todo y con el ánimo de ponerse de acuerdo y así evitar desautorización por parte de alguno de los padres.

También es estratégico, tener claro el plan a adoptar frente a las actuaciones equivocadas de nuestros hijos, tener claro que estamos dispuestos a tolerar y que no permitiremos bajo ningún punto de vista. Otro punto clave es no anticiparle a nuestros hijos el tipo de reprimenda o consecuencia que podría acarrearle el no cumplimiento de un buen comportamiento, simplemente dejarle claro que habrá una consecuencia sin mayores explicaciones, esto con la intención de disminuir o contener una actitud retadora.

Explicar a los hijos aquello que esperamos de su comportamiento y que consideramos un buen comportamiento es parte de una comunicación asertiva y eficaz, siempre y cuando se acompañe de actitudes coherentes, nuestros hijos son de alguna forma el reflejo de nosotros mismos y la educación más eficaz viene acompañada por el ejemplo. Es importante ser consistentes y dejar muy claras las reglas que acompañan nuestros valores y como consideramos que se deben llevar a cabo.

Cuando ya nuestros hijos son mayores es primordial reconocerlos, validarlos y tener un dialogo claro donde ellos puedan ser participes de aquello que está bien y aquello que no, es decir frente a una falta, hacerles un llamado a la reflexión, que los limites queden claramente establecidos y que incluso sean ellos mismos quienes definan como podrían enmendar sus errores.

No olvidar que la crianza de los hijos es el fomento activo que realizamos en la construcción de futuros adultos éticos y de bien. Criar es quizás la mayor responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros hijos y con nuestra sociedad.

sandralevethal@gmail.com

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