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El diván virtual 01 de Junio de 2012

Los traumas, de lo que tanto se habla

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Se traumatizó, está traumatizado, lo traumatizaron, términos con los que nos referimos, a veces por pura intuición, a sucesos que ocurren en un momento de la vida de un sujeto que alteran de ahí en adelante su libre transcurrir. Una palabra bien puesta que da cuenta de lo atronador del acontecimiento que lo produce.

Porque un trauma es de lo no esperado, de lo imposible en su momento de asimilar y comprender. Algunos permiten un recuerdo, posiblemente relatado muchas veces, que al hacerlo, algo se decanta del afecto y la emoción que quedó suspendida. Otros, nunca dichos, ni siquiera recordados, que en el lugar y momento menos apropiado asaltan, porque desconectados del suceso de origen, sus huellas en el inconsciente y en el cuerpo insisten, para seguir actuándolos.

No hay un ser que no haya sufrido traumas, ellos son inherentes a la vida, porque al ser producto de la incapacidad para soportar la excitación que se produce en el cuerpo ante un suceso que lo desborda, quedan como significantes en nuestra historia. Muchos olvidados porque ocurrieron en la infancia, y no precisamente porque haya sido desdichada o se hayan tenido unos padres desconsiderados, que también sucede, sino porque en ese tiempo lo que tiene que ver con la sexualidad y la muerte, es decir, con el placer y la pérdida, será enigmático, desconocido.

La infancia es muy sensible a su aparición ya que ese mundo que se empieza a conocer está lleno de vivencias, muchas felices, otras incomprensibles, y las diversas respuestas que el niño puede dar a lo que todavía no conoce y obrando como sus impulsos se lo piden, estará matizado por el amor, los celos, la envidia, la agresividad, afectos incontrolables con los que poco a poco irá construyendo lo que más tarde llegará a ser. Razón que una madre advertida reconoce, y sabe que ese pequeñín es el menos indicado para dejarlo con aquellos que pueden estar a su merced. Que, cuando no sucede así, los daños que puede causar son la causa de muchos sentimientos de culpa que insisten, aunque pertenezcan a un pasado.

También, porque en esa época es difícil distinguirse y lo que le sucede al otro puede quedar como propio. Similar al temor, dolor o placer que sentimos viendo una película, una identificación parcial porque ya algo entendemos, pero que en edades tempranas es total, por lo cual muchos traumas son también experiencias en las que sólo se estuvo allí como testigo, un extra que se creyó en el papel protagónico, con todas sus consecuencias.

Pero cómo controlar ese pequeño mundo, cómo estar advertido siempre, si no existen los padres ideales, porque un trauma puede suceder en un instante en que una puerta entreabierta, permitió encontrarse con una escena que, en su momento, perturbó tanto que queda en la memoria y en las sensaciones que desbordan su pequeño cuerpo. Y qué decir cuando ese cuerpo es el violentado, algo que sin saber le producirá placer, para luego comprender y tener que vivir con lo que nunca pidió, porque además, ni siquiera sabía que existía.

Y el dolor que produce la muerte, tan difícil de concebir, pero sí la pena en los ojos de aquellos que enseñan el mundo, especialmente la madre, un sentir que nadie quiso dar pero que lo acompañará. Un trauma, muchos producidos sin querer, otros, consecuencia de la sinrazón de los que estuvieron cerca. Por eso sólo queda, cuando se sufre, averiguar cuáles son los propios, los que, escondidos, no permiten que nuestra vida ande como lo deseamos.

Por Isabel Prado Misas
Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

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