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El diván virtual 18 de Mayo de 2012

Lo perverso y la ley

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¿Qué pasa en nuestro país? A cada momento nos encontramos con una noticia no sólo trágica sino abominable. Y parece que lo único que nos queda es anestesiarnos ante tanta barbarie incomprensible para poder seguir viviendo, rogando porque nada nos suceda a nosotros o a nuestros seres queridos.

¿Qué nos explica que algunos por motivos políticos o venganzas personales, sean capaces de matar, no sólo a los elegidos sino a muchos inocentes? ¿Por qué el irrespeto a la ingenuidad de los niños y a su vida, ya no es un suceso esporádico sino de todos los días? También, la agresión y muerte de las mujeres a manos de sus parejas y, en ocasiones, también, la de ellos a manos de ellas. Y la insistencia del despilfarro y la corrupción, escandalosa y cruel, porque hace que con tantos medios para ser un país próspero, estemos subsumidos en la pobreza y en la falta de oportunidades para casi todos.

Y qué decir de la justicia que nos deja más pasmados que los que delinquen, pues siendo la encargada de poner orden, en muchas ocasiones está en manos de displicentes, que parecieran estar más de acuerdo con los derechos humanos del que hace daño y no con el ciudadano a quien se debe proteger. Y así, el poder de las armas y el que ejercen los delincuentes de cuello blanco, sigue asaltando la tranquilidad que no sabemos si alguna vez tuvimos. Un caos, un desorden, donde la ley brilla por su ausencia al interior de cada uno y en los estamentos institucionales.

De ahí que cuando se trata de dar una razón a tanto malestar, las explicaciones se quedan cortas ante un universo signado por lo perverso. Es la calificación que cabe, porque lo que sucede tiene que ver con la falta de ley que, cuando insiste, no hay horizonte posible. Porque si no hay al interior de cada sujeto una mínima señal para detener su actuar por consideración al otro, que es lo que permite vivir en comunidad, lo civilizado, todo está perdido.

Es lo que nos está pasando, que explica porqué los jóvenes van al colegio armados, las pandillas se toman las ciudades y demarcan lugares por donde otros no pueden pasar, los atracos se volvieron comunes, algo cotidiano. Los órganos judiciales se dejan comprar, los padres abusan de sus hijos y los funcionarios se creen con derecho a vivir como reyes a costa del dinero que pagamos. Todos creyendo que la ley no es para ellos. Y lo peor no es que se lo crean, sino que cuando ésta se debe imponer para impedirlo, es tan laxa y llega tan tarde, que lo promueven.

¿Qué tipo de personas hacen eso? Aquellas que conocen muy bien la ley, para burlarla, para tomarla en su mano como si fueran amos y señores de los demás, de sus vidas y lo que poseen. Es lo que define al perverso. Algo que desde la creación de los estados se sabe, por eso existe quién debe sancionar, pero cuando los que sancionan también son alcanzados por la misma enfermedad, no hay mucho que hacer. Seguramente no son todos, como tampoco somos todos los que transgredimos, pero es evidente que cada vez son más los abusadores, los estafadores, los corruptos, los violadores y los asesinos. Y la ley interior que debe guiar a cada uno es más difusa, los padres más indulgentes y menos exigentes y el estado más inoperante.

La tolerancia y el consenso son cualidades necesarias para vivir en comunidad, pero cuando se entienden como una forma cómoda de soportar lo inadmisible, lo perverso, esa versión de algunos de creerse dueños del mundo, toma ventaja. Al parecer en nuestro país ya la tomó, y bastante.

Por Isabel Prado Misas
Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

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