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El diván virtual 05 de Mayo de 2013

La salud y Angelina

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Nuestro mayor temor, aunque por fortuna tengamos la posibilidad de no pensar siempre en eso, es saber que vamos a morir. Un tema poco atractivo, seguramente, pero menos atrayente es la forma en la que lo estamos afrontando en esta época de tecnología y conocimientos. Al parecer, poder prevenir, controlar y curar enfermedades con una eficacia que antes era impensable, nos está llevando a un aumento progresivo de ese miedo arcaico.

Es así que, hasta los senos, ese atributo femenino tan admirado por ellos y apreciado por ellas, se ha convertido en una amenaza. Y lo supimos porque una de las actrices más bellas de nuestro tiempo lo puso a circular, aunque es algo que hace unos años viene sucediendo. Ya se publicaba cómo mujeres jóvenes por temor a contraer, y no por tener la enfermedad, acudían al quirófano para despojarse de lo que las dotó la naturaleza.

Claro que cada uno está en su derecho a decidir y hacer uso de lo que tiene a su alcance, y hoy contamos con tantas posibilidades que sería poco inteligente no utilizarlas. Sin embargo, también es cierto que de vez en cuando es necesario acudir a nuestro raciocinio para no dejarnos llevar por todo lo que se propone, aún más, sabiendo que lo que nos tocó en suerte es una forma de ver y vivir el mundo a la manera que llamamos capitalista, en la cual todo debe proveer un beneficio económico y la mayoría de las cosas son desechables.

Además, porque para Angelina, quien eligió aplicar la cura antes de la enfermedad, reemplazar por prótesis lo natural fue de provecho, probablemente le quedaron mejor. Entonces aquí cabe la pregunta: ¿qué pueden hacer aquellas que temerosas de algún día padecer el mal, no cuentan con los medios? Sólo les quedará vivir con la angustia aprendida de una amenaza de la que tampoco hay certeza, sólo la probabilidad de que su atributo es una bomba de tiempo. O, ¿cercenárselas sin opción de reparación? Es cuando se añora la época de las abuelas que poco sabían de lo que podrían sufrir y gozaban de la maternidad y de su belleza sin esos afanes. Es posible que vivieran menos, o más, no sabemos, pero sí, sin esas preocupaciones.

Igualmente, y casi al mismo tiempo, apareció uno de los más talentosos y atractivos galanes para aportar su granito de arena a la revolución preventiva y anunciarnos que el sexo oral, una práctica primigenia, produce cáncer de garganta. Claro que sin saber mucho de estadística o ser un gran científico podríamos dejar caer su teoría, ya que si eso fuera cierto, más de la mitad de la humanidad debería padecerlo. Pero ni Angelina Jolie ni Michael Douglas tienen la culpa de alarmarnos, ellos sólo hacen parte de un sistema en el que nos movemos, mediático, globalizado, en el cual la transmisión de lo dicho y hecho es inmediata, y eso dicho y hecho está afectado por la creencia de que todo se puede evitar, controlar, por lo cual cualquier medio es válido, y no precisamente para vivir mejor, más pareciera para no morir, como si eso fuera posible.

Y no se trata aquí de una apología al desgreño, al descuido o a la desmesura, o una actitud resignada y poco cuidadosa de nuestra salud, es apenas una reflexión porque por estar cuidando tanto el cuerpo se nos está atrofiando la mente. Al mismo tiempo que vamos perdiendo cada vez más los placeres simples que, moderados, nos alegran la vida, porque el cafecito que a ratos nos anima pasó al estatus de enemigo, un huevo tiene que probar que es inocente y ya dentro de poco la lechuga, la más anodina y menos criticada empezará a tener aires terroristas. Entonces, esto es un tímido intento de llamado a la cordura, que sabemos, en nosotros los humanos no es mucha.

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