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El diván virtual 26 de Diciembre de 2015

La repetición

El usuario es:
Isabel Prado Misas

Somos seres de la repetición, algo innegable, indudable, indiscutible, las fiestas navideñas lo demuestran. Por eso algunos cada fin de año con cierto dejo de molestia dicen: “Lo mismo de siempre”, una queja que no sabemos a quién se dirige.

Porque ¿a quién se dirigiría? ¿Quién tiene la culpa? ¿Quién puede cambiarlo? ¿Y por qué habría que cambiarlo? Un reclamo vano a una repetición que se siente cada vez más, en la medida en que  más se vive. Por eso para los niños es toda una novedad, apenas la estrenan.

Somos seres de la repetición, necesaria además. Todos los días nos levantamos y realizamos los mismos gestos sin darnos cuenta, los mismos actos para limpiar y arreglar, no sólo nuestro cuerpo, también lo que utilizamos, en una rutina que si se abandona peligra la vida útil de las cosas y la propia.

Lo anterior nos permite concluir que la repetición es necesaria, que es ilógico luchar contra ella. Además la requerimos, porque: ¿cómo aprendemos? ¿No es a partir de repetir y equivocarnos? Eso que llaman ensayo y error, que a la ciencia le ha servido para construir hipótesis que dicen, que si se hace esto puede pasar lo otro. Porque sólo haciendo algo una vez y otra vez podemos saber de la diferencia.  

Pero aquí es importante también anotar que la repetición nunca es igual y que encontrar sus pequeñas diferencias hace la vida más plena. Porque la última Navidad jamás será idéntica a la anterior aunque se cocine el pavo, es otro pavo. Y el 31, aunque se coman uvas, no serán las mismas, son otras, aunque sepan igual. Y lo más probable, uno será distinto, por lo menos mínimamente al del año anterior, algo habrá variado porque la igualdad, aun en la repetición, no existe.

Necesitamos la repetición, ella nos marca el camino a seguir, enseña, tranquiliza. Algo así como: hagamos lo mismo, así no nos equivocamos. Y es verdad, pero también es cierto que sus variantes a veces nos sorprenden, allí donde esperábamos lo mismo aparece algo diferente.

Por eso cada año la ilusión nos anima, ese imaginario que nos hace vivir y desear lo que no se nos ha concedido, porque aunque muchas cosas se repitan sabemos que existe la posibilidad de algo nuevo, sin eso sería imposible la existencia. Sin soñar, sin confiar, sin tener fe en algo la vida se vuelve triste, algo que para algunos es ocasional pero para otros es repetición, en este caso sí,  muy desafortunada.

Hay repeticiones de repeticiones y cada uno se acoge a la suya, por lo pronto la de ahora es festiva. Un rito para bautizar el nuevo año, para ordenar el calendario, para un pequeño alto y tomar un respiro, para seguir andando y desearnos un ¡Feliz año nuevo!
 

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