EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/137515
El diván virtual 16 de Abril de 2016

De corazones rotos

El usuario es:
Isabel Prado Misas

¡Cómo duele una traición amorosa! parte el corazón. Y no es una metáfora. Quien lo ha vivido sabe que se siente tan profundo como si la herida fuera en el cuerpo y no en lo que en un tiempo se llamaba alma. 

El cuerpo es el reservorio de todos nuestros afectos, razón por la cual no debe extrañarnos tal herida que se siente en el pecho, por eso el Corazón Partío que canta Alejandro Sanz es verdadero, porque parece ser el lugar en el cual anidan ternuras, amores y desengaños.

Y lo peor es que esos dolores que pudieran ser transitorios, perduran, porque el dueño de un corazón también tiene memoria, esa función, que sabemos se aposenta en el cerebro, se encarga de recopilar nuestra historia. Un biógrafo juicioso, ocupado principalmente de recordarnos lo que más nos duele, al que quisiéramos engañar para no seguir sufriendo, pero es el primero que se despierta en la mañana recordándonos eso de lo que no queremos saber.

Y así, ¿cómo perdonar?, ¿cómo volver a creer en ese que nos ha decepcionado aunque se arrodille y prometa lo que antes nunca se le había pedido?, ¿cómo olvidar? Cómo no recordar la afrenta cada vez que se le mira la cara, y también cuando no. Cómo dejar de ser perseguido por esa decepción ingrata que taladra la mente y acongoja el cuerpo. Cómo aceptar la pérdida, no del personaje causante del dolor, pues puede estar ahí rogando perdón, sino de su imagen, esa que habíamos construido a su alrededor que de repente cae a pedacitos.

Porque hay que reconocer que el amor tiene mucho de ficción, como reza una frase: “Cómo no quererte con todas las cualidades con que te he adornado”. Razón de que se haga tan difícil ver al otro en su real dimensión que se muestra como un abismo cuando entrevemos algo de su ser que desconocíamos, cuando sus debilidades asoman, cuando cae del pedestal en el que difícilmente lo habíamos sostenido. Momento de derrumbe, pero quizá también el momento propicio para el inicio del verdadero amor, algunos lo logran, tal vez pocos.

Y debe ser así porque parece que el verdadero amor existe dos o tres veces cada siglo, como decía exagerando Albert Camus. Porque es aquel que no se dirige a la potencia sino a la flaqueza, es el que entrega cuando nada tiene, el que puede remontar el narcisismo y doblegar el orgullo, el que puede dar, no un perdón, porque hay afrentas imperdonables, pero sí un olvido que permita volver a empezar. Más real, menos ingenuo, más generoso. GC 

 

 

Etiquetas

Más de revistas
-->