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El diván virtual 12 de Diciembre de 2015

Culpar

El usuario es:
Isabel Prado Misas

Este es un verbo que sabemos conjugar muy bien, que parece venir incorporado a nuestro ADN. Pero no debemos culparnos por eso, porque por la forma en que lo usamos debe hacer parte de nuestra estructura que busca siempre tratar de ordenar un mundo que se nos presenta incompleto. Por eso es tan común que tendamos siempre a imputar al que se equivocó: si se cayó, porque no se fijó; si perdió, porque no hizo lo suficiente; si se le olvidó, porque no estaba concentrado; si se enfermó, porque no se cuida; si al otro le pasó algo, porque no lo vigiló.

Un reclamo que se hace a unos actos que nos demuestran que en este mundo las cosas no siempre están coordinadas, que cojean a cada paso y que hay que estar muy advertidos o muy suertudos para que salgan casi perfectas. Por eso entre más perfeccionista y más convencido esté alguien de que el mundo es como se lo imagina y no como es, tenderá más al uso de la frase culposa: “si hubieras”, con la que inicia esa sugerencia que se sabe tardía, en la que se insiste al otro lo que debió hacer para haber evitado el suceso indeseado. 

Tal vez  la razón de la permanencia de la unión de esas parejas que puede que no sean felices pero que no se aburren, como las relaciones de la histérica con el obsesivo pues él, siendo un perfeccionista a ultranza, siempre estará corrigiendo lo que ella con su continuo despiste muestra.

Con los hijos también es algo que se practica a cada paso pues tendemos a confundir corregir con culpar. Están tan cercanos estos dos conceptos que al no distinguirlos, podemos criar hijos no eficientes sino culposos. Algo de lo que debemos cuidarnos pues en nuestra incapacidad para soportar el error podemos hacerlos blanco, no de las pautas necesarias sino de airados y persistentes reclamos que obedecen, no tanto a la imperfección de ellos sino a la nuestra. La de no poder comprender, de no poder dejar de ser juez en lugar de enseñar.  

Además, los tiempos en que nos movemos no nos ayudan, ya que lo pasado visto en el presente es fácilmente corregible pues después del hecho se está al tanto de lo que se debió hacer en el momento, lo que hace al que juzga más poderoso pues tiene la gran ventaja de un saber después de lo  sucedido.  

Culpar es una condición humana de la que debemos estar advertidos, lo que no es fácil porque aunque nos cueste reconocerlo, también hay cierto placer en ese “te lo dije”, en ese “no fui yo, fue él”, en el que nos entrenamos desde niños, tiempo en el que acusar al otro es el pasatiempo preferido. Por eso reconocerlo y empezar a admitirlo cuando somos grandes ya es un gran avance. GC

 

*Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

 

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