EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/138180
Así Nos Conocimos 18 de Junio de 2016

Un amor ‘euro-quillero’ para toda la vida

El usuario es:

Foto: Carolina Meneses/Jesús Rico

La pareja de esposos disfruta compartir su tiempo libre en su casa en Barranquilla. Coleccionar arte es otra de sus pasiones.

Daniela Fernández Comas

Mike Schmulson y Susie Steckerl nacieron en Europa, pero hace 60 años se casaron en Barranquilla, ciudad donde aún viven.

Abordo de un buque, amarrado, para evitar su escape, e impaciente, llegó un pequeño infante lituano de año y medio a Ciénaga, Magdalena. Su nombre era Misha; ahora es Mike.

“Siempre fue Misha”, recuerda Susie Steckerl, su compañera de vida desde hace más de 60 años. “El periodismo fue el que hizo que se cambiara el nombre a Mike”, recuerda la austriaca de casi 82 años. Misha, nombrado así en su natal Lituania, venía con su madre, Liuba; una médico que su esposo esperaba con ansias en el puerto madgalenense.

“Llegamos a Ciénaga porque mis papás serían los médicos de toda la zona bananera en ese entonces, en el año 1932”, cuenta el reconocido locutor de béisbol. “Mi papá vino en el año de 1929, y mi mamá no vino con él porque ella le había dicho: ve a ver cómo es la vida allá. Pero estaba ocultando la verdad, y era que estaba en cinta”, relata Mike, que viajó durante 30 días con su madre, en una travesía que comenzó en Europa.  

“Siete meses después de mi papá haberse venido a Colombia, nací yo, en Lituania. Pero no nos vinimos enseguida porque teníamos que viajar por buque y estaba prohibido para un ‘pelaito’ como yo, y la verdad es que ella no quería venir”, recuerda el lituano criado en Barranquilla.

“Salimos a mitad del mes de enero y llegamos en febrero. Como yo estaba muy pequeño y no permitían que yo viajara, ella consiguió viajar desde Hamburgo, entonces tuvimos que tomar un tren, de Lituania a Hamburgo, y luego embarcarnos en el buque”, recuerda. “Yo tenía que estar amarrado porque yo era un ‘pelao’ de menos de dos años, eso no se podía. Una travesía que era como de 30 y pico de días. En esa travesía yo me le solté a mi mamá y me encontraron en el cuarto de máquinas. Esa fue mi primera travesura, supongo. Pero me volvieron a amarrar y finalmente llegamos a Ciénaga”.

Y así fue. Misha, en ese tiempo, era solo un bebé travieso, que llegó a Colombia a hacer su vida lejos de Europa, lejos de la Segunda Guerra Mundial.

“Como había hospitales en toda la zona bananera, trasladaron a mi papá y a mi mamá a Plato, Magdalena; puerto que antes era muy importante pero luego de algunos años nos vinimos a Barranquilla”, dice Mike de su llegada a la ciudad donde, años más tarde, conocería a Susie, su esposa.

Las coincidencias de la vida. Susan Steckerl es una barranquillera, como ella se denomina, nacida en Austria hace 82 años. A los cuatro años llegó a Barranquilla con sus padres y su hermana huyendo de la guerra en Europa y aquí fue donde conoció a Misha; un ‘pelao’ blanco, travieso, hijo de una pareja de médicos, amiga de sus padres.

“La primera vez que yo lo vi fue en Pradomar; yo tenía unos ocho o nueve año e iba caminando con mi mamá y mi hermana, y mi mamá se encontró con una amiga. Ella tenía su carro parqueado con su par de hijos mirando por el vidrio de atrás del carro; eran Mike y el hermano. Yo le mamaba gallo y le decía que no me gustaba porque parecía un ‘pelaito’ pendejo mirando por un vidrio”, cuenta entre risas la expresidenta de las damas hebreas de Barranquilla.

Pero lo que Susie, como cariñosamente le dicen, no esperaba, era que fuera a verse con ese ‘pelaito’ de nuevo, esta vez en Nueva York, y que ahí florecería un amor inesperado.

“Desde que nos vimos allá fue que empezó todo, pero en Barranquilla empezamos a salir como novios, como en julio o agosto, y nos casamos en diciembre del mismo año, en el 55”, dice Susie, que se embarcó en la luna de miel con Mike al poco tiempo de casarse. “Nos fuimos a Cuba, y a otros lugares, y en el viaje ella se sintió con dolores; yo sabía que estaba en cinta”, cuenta su esposo.

El 25 septiembre de 1956 nació Bertha, su primera hija, y luego vino la “chorrera” de hijos, como dice Mike. “Vamos a cumplir 61 años de casados en diciembre. Cuando nos conocimos bien, supimos que éramos el uno era para el otro, y ha sido una vida espectacular”, afirma Susie, a lo que Mike responde: “así es, tenemos seis hijos y 16 nietos y eso nos ha mantenido cohesionados durante 60 largos años. Ojalá sean muchos más”, asegura.

Y es que esa numerosa familia no ha sido impedimento para seguir amándose, respetándose y manteniéndose como la vital pareja que son, luego de tantos años. Según él “mientras más tiene uno hijos más acendrado es el amor”.

Por su parte, Susie cree que la mejor forma de llevar un matrimonio es dándose su espacio, generar confianza y respetarse mutuamente. “Él me deja hacer lo que a mí me da la gana y yo le dejo hacer a él lo que le dé la gana. Esa es nuestra clave, y aquí seguimos”. GC

Etiquetas

Más de revistas