EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/141971
Así Nos Conocimos 18 de Marzo de 2017

Un amor con más de seis décadas de vigencia

El usuario es:

Foto: Orlando Amador Rosales

La pareja sonriente en la sala de su apartamento, ubicado en el norte de Barranquilla.

Sara Hernández C.

Salvador Nazzar Nazzar tiene 89 años y su esposa, Oliva Caballero Contreras, 87. El hombre deportista ostenta el récord nacional de carambola libre, al hacer 500 consecutivas en 25 minutos.

Los recuerdos están intactos en la memoria de Salvador Nazzar Nazzar y Oliva Caballero Contreras. A pesar de sus edades ambos rememoran el día en que se conocieron sin mayor esfuerzo.

Oliva empezó a trabajar en Magangué, lugar al que llegó oriunda de El Banco Magdalena con su familia. Allí, un día vio a un hombre en la plaza que llamó su atención. Un comentario de su hermana quedó en su mente: “ojalá te casaras con un hombre como ese”.

A los pocos días la mujer veía pasar todos los días a un señor por su puesto de trabajo. No era Salvador, era Orlando, un amigo que animó a su compañero al recorrido. “Acompáñame para que veas a una pelada linda”, recuerda el hombre sonriente. “Mira tú lo que me mostraría”.

El amigo era muy enamoradizo y Salvador no le dio importancia al hecho. Fue tanta la insistencia que Nazzar no pudo resistirse. “Vamos a ver entonces”, le expresó resignado.

La vio. “Ella era fileña, cabello oscuro y largo; es que era y aún es hermosa”, anota orgulloso su hoy esposo. Era el mismo hombre a quien Oliva había visto antes. Sin embargo, ella fue digna y, aunque estaba emocionada, se contuvo ante aquel suceso.

Salvador, como hombre decidido que siempre ha sido, le dijo a su compañero que la irían a buscar a su casa y, como era un pueblo pequeño, allí llegaron. El padre de Oliva estaba en la puerta de la vivienda.

—Señor, buenas noches—, dijeron el par de jóvenes al llegar.

—¿Qué se les ofrece?—, respondió el hombre.

—Estamos buscando a Paulita Echeverry (que por cierto, para no cometer ningún error en la travesura, era la mamá del amigo de Salvador).

—Nosotros estamos recién llegados y no conocemos a muchas personas, qué pena— le dijo el padre de Oliva.

Ahí quedó todo. Salvador volvió al día siguiente. Eran otros tiempos más seguros y el padre de Oliva lo invitó a pasar. En la sala de la casa, según cuentan, las constantes miradas entre sí fueron la chispa en su relación, además del gusto incipiente de aquella tarde en la Plaza de Magangué.

“Lo que vino después ya ni te cuento, ocho hijos y un hombre completamente enamorado. Eso lo digo con total seguridad”, cuenta la mujer mientras su marido asiente. “Y no me da pena decirlo”, interrumpe el hombre.

Lo que vino después. Si bien la familia de Salvador le había prometido un negocio en el pueblo, todo se alteró y no recibió nada al casarse. No lo pensó, decidió irse a Barranquilla a guerrearse la vida. Al principio no fue fácil. Salvador siempre ha sido un luchador, viajero y un vendedor inagotable, así que asumió con valentía las riendas del hogar, el mismo que se edificó con mucho esfuerzo económico.

Rápidamente dio a conocerse como representante de ventas de varias empresas y viajó por varias partes de Colombia y el mundo. Hoy, el contador general que añoró estudiar Medicina, trabaja con Creaciones Iruña y tiene ya 74 años haciéndolo.

A su vida como viajero se le suman las múltiples aventuras que sirvieron de fuente en los libros que ha escrito, como las que vivió por 10 años buscando a los mejores deportistas de Colombia.

La imagen de la pareja al poco tiempo de casarse.

El deporte. Hoy Salvador puede conservar un gran recuerdo: el récord nacional de carambola libre. Hizo 500 consecutivamente en 25 minutos, en 1968. El título fue homologado por la Federación Colombiana de Billar el 20 de octubre de 1995.

Nunca descuidó su hogar por jugar billar, para él lo más importante fue su familia y sus hijos.

De ese evento el hombre tiene incontables aventuras, como las de aquellas en las que le decían ‘El Diablo del Taco’.

“El billar es una disciplina que exige preparación integral (...). Yo represento el billar con dignidad, disciplina y a la  altura en cualquier ámbito. Este deporte no es sinónimo de ser alguien tomador de alcohol”, expresa.

Recuerda que conoció el billar cuando cursó su colegio en Mompox, Bolívar, desde tercero elemental.

También fue beisbolista e integró el Deportivo Caribe e hizo parte de la Selección de Magangué.

“El deporte que más me gustó junto al billar”, señala. Con el juego de pelota recibió múltiples reconocimientos que aún conserva en la pared de la sala de su casa. Al mirarlas él sonríe. Centenares de noticias recortadas quedan como el recuerdo de sus tantas experiencias.

Personas que les rodean. Los integrantes de su familia saben que ha tenido un buen modelo para edificar sus pasos. De hecho, su hijo mayor, que tiene su mismo nombre, admira el amor de sus padres. “Han manejado muy bien la tolerancia, aprendiendo cada uno a aceptar las fallas del otro”. Él apunta que fue él quien le enseñó a no perder de vista el objetivo trazado, sea cual sea, y el tener los motivos frescos aunque pase el tiempo. Eso —asegura— lo mantiene sano, tanto así que puede escribir sin ponerse lentes.

“Él no ha tirado la toalla y siempre tiene sus ideales, metas a seguir o por las que luchar (…). Es que nunca se rinde”, sonríe Salvador Junior.

El periodista Fausto Pérez, que trabajó en EL HERALDO  y Al Día, escribió recientemente un libro que cuenta su historia, la que merece ser conocida por las nuevas generaciones.

“Es un ejemplo de vida, de superación y amor por sus hijos. A pesar de no llegar a estudiar en una universidad y tener un origen humilde logró importantes hazañas que merecen ser destacadas”. GC
 

Etiquetas

Más de revistas

LO ÚLTIMO DE REVISTAS