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Así Nos Conocimos 18 de Noviembre de 2017

“Ser el equilibrio del otro es la clave de nuestra familia”

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Foto: Orlando Amador Rosales

La familia Viera Correa posó junto a su mascota Shantal en su casa, ubicada en el norte de Barranquilla.

Daniela Murillo Pinilla

Para el capitán del Junior, Sebastián Viera, y su esposa, la barranquillera Sara Correa, la complicidad, el diálogo y la espiritualidad son los principios que los han llevado a construir un hogar estable para su hijo Stephano.

Como si no lo estuvieran buscando, así fue el comienzo de la historia entre el uruguayo Sebastián Viera y la barranquillera Sara Correa.
 
Un encuentro esporádico de ambos en la oficina del papá de Sara fue la ocasión ideal para despertar una primera atención entre la pareja, que hoy ya tiene más de seis años de unión entre noviazgo y matrimonio.
Sonriente, Sebastián recordó —como si hubiese sido ayer— la curiosa anécdota que marcó el momento en el que vio a su esposa por primera vez. 
 
 “Juan Guillermo, su papá, es mi amigo. Él me había comentado que su hija y la hija de la empleada del servicio de su casa iban a pasar por su oficina a dejarle unas cosas que él iba a necesitar. Pero, yo siempre pensé que su hija era pequeña y que por eso iba acompañada. De este modo, cuando ella llegó agarrada de manos con una niña, lo único que despertó mi curiosidad fue la belleza de la hija de la empleada, en ese momento no pensé en nada más”, explicó Viera. 
 
Sin embargo y, para su sorpresa, descubrió, después de ese primer acercamiento, que se trataba de la hija mayor de su amigo. Días después, volvieron a encontrarse, pero esta vez en un almuerzo con toda la familia Correa Martínez. 
 
Para Sara, este fue el momento oficial en el que los presentaron y donde tuvieron más tiempo de dialogar y conocerse. 
 
“Para esa época Sebastián llevaba apenas seis meses en Barranquilla siendo arquero del Junior y yo estaba todavía en la universidad estudiando Mercadeo y Comunicación de la Moda. Yo acababa de terminar una relación y solo quería vivir mi soltería tranquila y compartir tiempo con mis amigas. Él estaba saliendo de un noviazgo y estaba concentrado en su nuevo reto en el equipo”, agregó Correa. 
 
La pareja lleva un poco más de 1 año de matrimonio. 
 
A pesar de mantener proyectos de vida distintos, continuaron viéndose en reuniones familiares a las que era invitado Sebastián. 
 
Sara asegura que empezaron a hablar con más frecuencia e, incluso, él le pedía consejos sobre la ciudad. Recuerda que una ocasión Sebastián le preguntó sobre un lugar para ir a cortarse el cabello y ella le explicó que le mandaría la información por la aplicación WhatsApp. “Esto fue en el 2011 y por aquel entonces muy poca gente tenía esta herramienta. Él no sabía qué era, entonces me pidió el favor de instalársela en el celular”, añadió. 
 
Horas después, cuando cada uno se encontraba en su casa, Sebastián no perdió la oportunidad de entablar una conversación con Sara. “Le escribí: gracias por hacer mi celular más inteligente, como una forma —no tan creativa— de ‘romper el hielo’ con ella y a  partir de esto, todo fue tomando un rumbo distinto”, contó el cancerbero. 
 
Con emociones y sentimientos de por medio, la pareja sabía que era necesario tener la aprobación del papá de Sara. Sebastián conversó con su amigo, quien aceptó la relación “siempre y cuando prevaleciera el respeto ante cualquier circunstancia”.  
 
Ir a cine, visitar nuevos restaurantes y viajar con frecuencia se convirtieron en los planes preferidos por Sara y Sebastián. 
 
“Siempre nos han gustado las actividades tranquilas. Lo que sí es esencial para nosotros es viajar. Solemos tener dos vacaciones cortas a mitad y a final de año. Las primeras siempre las usamos para compartir solos y las segundas, para dedicarlas a la familia en Uruguay”, expresaron. 
 
El camino al matrimonio.
 
Se comprometieron un 24 de diciembre en la casa campestre de la familia de Sebastián, en Uruguay. Bajo las estrellas, rodeados de un corazón hecho con velas y con una botella de champaña, Sara le dio el ‘sí’ al capitán del Junior.
 
“Ya habíamos estados comprometidos en una ocasión, pero por diferentes motivos nos distanciamos y yo le regresé el anillo. Duramos así cinco meses, hasta que volvimos. Dos años después, nos volvimos a comprometer pero esta vez con una visión más madura y conociendo nuestros errores”, estableció Sara.
 
Se casaron el 20 de junio de 2016 en la iglesia de la Inmaculada Concepción y después disfrutaron de una recepción en el hotel Hilton Garden Inn, acompañados de todos sus familiares y amigos. 
 
En un futuro, la pareja anhela poder tener otro hijo, para “crecer como familia y personas”.
 
Para Sebastián, este fue un “momento único” que lo animó a él y a sus compañeros del equipo rojiblanco, pues un día antes Junior había perdido la final de la Liga Águila. “En la boda pudimos dejar de lado ese momento tan duro que estábamos pasando, para pasarla bien y celebrar este gran paso en mi vida y en la de Sara”, comentó el arquero.
 
En julio de este año nació Stephano Viera Correa, el primer hijo de la pareja. Para Sebastián, que también es papá de Máximo, un niño de 7 años, la llegada de su segundo hijo simbolizó “una nueva etapa para la pareja”.
 
“Cada día reafirmamos que los bebés llegan al mundo a enseñarnos grandes valores. Con el nacimiento de Stephano hemos aprendido a ser más pacientes, nos ha dado las fuerzas para construir un hogar donde prima el diálogo, la espiritualidad y la complicidad. Hemos entendido que ser el equilibrio del otro es la clave de nuestro equipo como familia”, concluyeron.
 
Un detalle de la boda. 
 
 
A la salida de la iglesia de la Inmaculada Concepción los novios saludaron a sus invitados, rodeados de volcanes de pirotecnia. Después, se transportaron al hotel Hilton Garden Inn en un BMW descapotado.

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