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Así Nos Conocimos 20 de Enero de 2018

Rafael y Gloria, una pareja que da vida

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Foto: Orlando Amador Rosales.

Luego de seis meses de noviazgo, y después de cinco años de conocerse, Rafael y Gloria dieron el “sí”.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

Ella, ginecóloga, y él, anestesiólogo, hacen una dupla ideal para traer bebés al mundo, por eso sus pacientes afirman que “son el mejor equipo”. Hoy, entre salas de parto y su hogar, relatan cómo ha sido su historia de amor.

Existen ironías en la vida y la de no querer tener un hijo siendo ginecóloga. Esa era la vida de Gloria Acero Giraldo, antes de conocer a Rafael Pantoja.
 
“Profesionalmente me daba temor, porque era poner en pausa la vida, te atrasa tus planes y muchas cosas, entonces nunca veía el momento. Pero cuando conocí a Rafa sí fue el momento. Ya no tenía un horario tan pesado”, recuerda Gloria.
 
Esta mujer nacida en Bogotá, pero criada en Barranquilla, se especializó en Ginecología en la Universidad San Martín, luego de hacer su pregrado médico en Uninorte. 
 
Trabajó en diferentes clínicas de la ciudad, como la Asunción, la Porto Azul y el hospital Niño Jesús. Incluso, llegó un punto en que trabajó para las tres al tiempo. Momentos que no eran los propicios para tener un bebé.
 
“Son años largos sin salario. Medicina tiene esa peculiaridad, te demoras mucho para la vida productiva, por eso nunca encajaba el bebé”. 
 
Fue en su ley, asistiendo a un anestesiólogo, en la hoy inexistente clínica Bautista, que cruzó miradas por primera vez con Rafael, su hoy esposo.
 
De aquél momento, Rafael tiene sus recuerdos intactos. “Yo entré a ese quirófano (donde ella estaba) porque me llamaron la atención sus ojos, y ahí mismo empecé a mamarle gallo. Fue la primera vez que nos vimos, y le gusté, dice ella”.
 
Las miradas fueron recíprocas, aunque no continuaron. “Ella le comentó a una amiga (Zoila), que estudió toda la carrera conmigo, que había conocido a alguien que le gustaba mucho. Pero Zoila le dijo “no te metas ahí porque ese man está casado”, entonces perdimos el rastro. Después nos volvimos a encontrar en la clínica Iberoamérica, pero sí, a mí no se me olvida cuando la vi. Enseguida me gustó”. 
 
“¡Corroborado!”, dice entre risas Gloria al finalizar la idea Rafael.
 
Años después de ese primer encuentro, esta pareja se reencontró. Ambos habían vivido otras relaciones, pero el universo hizo que coincidieran cuando estaban solteros, así que no lo pensaron dos veces y se ennoviaron.
 
“La verdad es que cuando tú conoces a alguien y enseguida te dices —me siento súper chévere e identificada— con la persona, es algo lindo. A mí todavía me da mucha felicidad cada vez que lo veo”, admite la ginecóloga.
 
Rafael, por su lado, confiesa que el físico lo flechó instantáneamente. “A mí físicamente me gustaba mucho. Pero lo cierto es que vi muchas cosas que yo decía, —está pelá es para mí, ella tiene que ser para mí—. Entonces empecé a molestarla y molestarla, y ella fue receptiva. Así empezamos”.
 
La pareja contrajo nupcias hace dos años, en el club ABC, donde ofrecieron una recepción íntima y familiar. Samuel, su hijo, tiene 11 meses.
 
Su noviazgo fue corto, solo duró seis meses. Ellos estaban seguros que eran el uno para el otro, razón por la que las nupcias no se hicieron esperar. 
 
“Yo siempre le dije que me quería casar con ella desde que empezamos a salir. Me sentía súper enamorado. Teníamos mucha afinidad y mis hijos, con mi primer matrimonio, la aceptaron enseguida, le cayeron súper bien. Esa fue una de las cosas que me motivó. Se han dado muchas cosas con ella, nos entendíamos muy bien, por eso dije que esta era la mía”.
 
De la pedida de mano, Gloria viaja en el tiempo a un festejo a las afueras de la ciudad. Recuerda que fue “una total sorpresa”, pero deja que sea Rafael quien cuenta el hecho. Finalmente él lo planeó de principio a fin.
 
“Estábamos en las cabañas de Montemar (cerca a Puerto Velero). Yo le pregunté a una amiga de ella cuáles piedras eran sus favoritas. Ella me dijo que los brillantes y el zafiro. Así compré el anillo, con un carro a control remoto. Adentro del carro puse el cofre con el anillo y estando allá le dije: mira el carrito que compré. Y el carrito tenía unas luces y un letrerito que decía ¿quieres casarte conmigo?. Ella de lejos vio el carrito y cuando lo vio, también vio que yo le tenía unas flores”.
 
“Estábamos celebrando mi cumpleaños y él me dijo que me iba a dar un regalo. Cuando veo es el carrito, y dije que sí enseguida”.
 
A los tres meses se casaron en el club ABC, en una recepción íntima y familiar. Pero de la transición de novios a esposos dicen que ha sido “todo muy fácil”, pues han contado con una buena convivencia, además de la camaradería profesional que disfrutan. Se la pasan “de aquí para allá” juntos. Sin duda, trabajar con la pareja es un plus para la vida conyugal.
 
“Trabajamos juntos, tratamos de cuadrar y moldear los horarios. Normalmente el anestesiólogo se amolda al cirujano pero ella se amolda a mi horario porque yo trabajo en la Porto Azul, la Iberoamérica y soy docente en la Universidad Simón Bolívar”, cuenta el anestesiólogo.  
 
Eso sí, también han vivido momentos de tensión incluso trabajando “de tú a tú”, como el ayudar a una amiga cercana de ambos mientras esta daba a luz. No eran ellos los doctores, pero, palabras más palabras menos, le salvaron la vida.
 
“Cuando empezamos en la Iberoamérica nos tocaron cosas difíciles. Preclamsias, hipertensión, casos muy especiales, pero tenemos mucha confianza. Hemos manejado todo súper bien. Tratamos de hacer los momentos amenos, siempre profesional. De hecho, si llega un caso difícil y no estoy yo ella no está cómoda”.
 
Ahora su tiempo también deben reorganizarlo con respecto al nuevo integrante de la familia, Samuel. Ya tiene 11 meses, y a pesar de que Gloria duró varios años escéptica al embarazo, hoy puede hablarles a sus pacientes con total certeza de lo que es concebir.
 
“El bebé ha traído un montón de bendiciones que no me esperaba. Ha sido algo súper positivo por mi profesión. Ya yo sé lo que es tener un bebé en la barriga, ya sé lo que es tener nauseas, sé lo que duele, lo que no duele. Y a mis pacientes les puedo recomendar cosas, qué comprar, qué no, etc. Ha sido una maternidad muy agradable”.
 
Por supuesto, no todo es color de rosa y han tenido pequeños roces que, con el tiempo, resuelven para que queden en el olvido. “Sí hemos peleado, si decimos que no somos tronco de carretilleros. Pero tenemos un pacto, y es que no nos podemos acostar peleados. O ella me busca o yo la busco a ella”. 
 
¿Su clave? Ser amigos antes que pareja. “Nos contamos todo, somos amigos. Nos jodemos la vida. Y esa confianza y esa amistad es una base. Es chévere que te puedas relajar y contar lo que tú quieras”.  
 
A esto, Gloria añade que la comunicación fue fundamental, además de la afinidad en la Medicina. “No es lo mismo sentarte a hablar con una persona que te entiende todo lo que te pasa a una que no sabe lo que le dices”.
 
Desde la clínica Iberoamérica, ambos se sienten más seguros al trabajar de la mano, por eso -dicen sus pacientes- hacen un muy buen equipo.
 
Ellos siguen y seguirán trabajando de la mano. No solo porque les gusta traer bebés juntos al mundo, sino también por su intención de mejorar el bienestar de la maternidad en cuanto a los partos se refiere. “A nosotros nos pagan lo mismo por una cesárea que demora media hora, a una que demore 24 horas, pero esto nos gusta. Ofrecer bienestar a la familia es lo más importante, por eso manejamos el dolor con analgesia peridural, que lo disminuye en un 80%.”, explica Rafael. 
 
“Según la OMS la tasa de cesárea no debe ser más del 15%, y aquí está en más del 70%. Estamos poniendo nuestro granito de arena para que se retome el parto natural, pero humanizado”, finaliza Gloria.
 
Gloria y Rafael “son la mejor dupla”, según sus pacientes. Ellos, por su parte, esperan seguir así, trayendo vida al mundo con el amor que los une.

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