EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/142335
Así Nos Conocimos 08 de Abril de 2017

Jorge y Liliana, un matrimonio de sueños sobre ruedas

El usuario es:

Foto: John Robledo

Redacción

Jorge Pérez Díaz y Liliana Ruiz Coll son esposos hace casi 24 años. De adolescentes se hicieron novios y entre los dos han construido una familia y un próspero negocio que pasó de los sueños a la realidad.

Cuando Gabino Pampini se suba hoy a la tarima de la carrera 50, en la postcelebración del cumpleaños de Barranquilla, los esposos Jorge Pérez Díaz y Liliana Ruiz Coll bailarán la canción del salsero panameño que los ha identificado en los 31 años que tienen de amores: A nuestro modo.
 
“Permite que a cada instante tu día sea para mí, y deja que yo te colme de besos hazme sentir, la fragancia azul que tiene tu pelo, dulce ternura de tus regazos, desde tus ojos que alumbre el camino donde yo voy por ti”, dice la primera estrofa del clásico de la salsa en la que de seguro hoy Jorge y Liliana estarán “cachetico pegao”, como en sus primeros años de novios.
 
Su historia se remonta cuando ambos eran quinceañeros y Liliana pasaba por el negocio donde trabajaba Jorge, en la carrera 43 con calle 68.
 
“Yo pasaba por ahí para ir al parque Suri Salcedo a hacer deporte, lo hacía en días de semana con mis amigas. Él me vio en una de esas caminatas, conversamos. Aclaro que él fue el que se acercó, así comenzó la relación”, comenta la mujer que segundos después reconoce que al tercer día de encuentros en el famoso parque barranquillero Jorge le robó el primer “besito”.
 
Pero no todo fue fácil para el que hoy es el dueño del reconocido negocio Speed Way, que vende lujos y otros accesorios para carros en el norte de la ciudad. En ese entonces Jorge vivía en Malambo y Liliana en Recreo. Cuenta que la diferencia de estratos le hizo pensar que tal vez por eso ella no lo aceptaría y mucho menos su familia. “Eso fue bravo” y él decidió inventar que residía en el Silencio.
 
“Ella me pidió varias veces que la llevara a mi casa para conocer a mis papás y yo le sacaba excusas, así pasaron tres años, pero no hay mentira que soporte tanto. Un día un vecino de ella me vio por la calle 30 cogiendo el bus para ir a mi casa, él le contó que me había visto. Al día siguiente Lili me preguntó qué hacía por allá, que si tenía otra chica. Ahí le conté que vivía en Malambo y me aceptó como yo era”, recuerda Jorge en la sala de la casa donde precisamente años atrás le hacía religiosa visita.
 
Agrega que desde ese momento Liliana se convirtió en su “eje, la base para seguir adelante” en todos los proyectos, que ella siempre apoya. 
“Ese hecho me motivó, ella vivía en esta casa (que después él compró) y sentí que debía tener algo para que se fijara en mí, eso me dio mucho ánimo”.
 
 
“Los sueños hay que despertarlos”. En su afán por querer salir adelante  de forma honrada Jorge creó una idea de negocio que le ha servido para levantar a su familia, de la que también hacen parte sus hijos Jorge Andrés, de 23 años y Miguel Ángel, de 17. Esa empresa, Speed Way, comenzó en el diseño del logo que él le mostró una tarde. “Su empresa fue un sueño que él tenía desde que éramos novios y los sueños se cumplen. Él lo plasmó en un dibujo, era una carretera y las letras salían del asfalto, de hecho yo conservo ese dibujo (...) Yo creí en ese sueño, él es un hombre metódico, organizado y se identifica mucho conmigo porque yo también soy así”.
 
Jorge recuerda que a su negocio llegó con cuatro afiches de carros lujosos que había enmarcado, dos rollos de papel para polarizar vidrios de carro, dos meses pagos en el local que todavía ocupa en la calle 74 con carrera 43, y la promesa que le hizo a Liliana: si al pasar un año seguía con el almacén se casaban. Las cosas sucedieron como lo soñaba y el 14 de agosto de 1993 celebraron su matrimonio. Este año cumplirán 24 años de casados “y lo mejor está por venir”.
 
“Yo les digo a las parejas  que si tienen un proyecto que lo cumplan, los sueños sí se hacen realidad si se es disciplinado. Deben tener unas buenas bases y luchar juntos. Hay personas que tienen sueños, pero los dejan dormidos y ahí no pasa nada. Los sueños hay que despertarlos. Cuando yo llegué a Speed Way solo tenía cuatro cuadros, dos rollos de papel para polarizar y ganas (...) si en el transcurso del mes no se daban las cosas cerraba, pensaba como pelao. Pero gracias a Dios las cosas se dieron, el primer día polaricé un carro, al día siguiente fueron tres. Al primer cliente le cobré 40.000 pesos y me demoré varias horas quitándole el polarizado”, describe el emprendedor barranquillero que hoy genera varios empleos en su empresa.
 
Hoy día Liliana es administradora de empresas y trabaja en Promigas hace varios años. Afirma que siempre que puede apoya a su esposo en temas contables y logísticos. Por otro lado su hijo mayor, Jorge Andrés, también es administrador y labora con su padre desde los 14 años. “Él se encarga sobre todo de las redes sociales y otros aspectos administrativos”.
 
Así las cosas, desde el día en que se conocieron camino al parque Suri Salcedo, la asistencia a bazares de colegio en los que bailaban el tema A nuestro modo, en la voz de Gabino Pampini, el corre corre de Jorge entre Malambo y el barrio Recreo, los dibujos del logo de su sueño comercial, su matrimonio, el nacimiento de sus dos hijos, los viajes fuera y dentro del país, las complicaciones que nunca faltan y las ganas de seguir saliendo adelante, la pareja de Jorge y Liliana son el fiel ejemplo de que la unidad familiar, el respeto y la disciplina pueden hacer realidad cualquier sueño. 

Etiquetas

Más de revistas