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Así Nos Conocimos 28 de Mayo de 2016

Construyendo piezas para configurar su existencia

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Foto: Cesar Bolívar

Beatriz, de 59 años, y Henry, de 66, tienen dos hijos, Mauricio y María Beatriz.

Sara Hernández C.@Sara_hernandezc

El gusto entre la barranquillera Beatriz Caballero y el antioqueño Henry Alviar fue, en sus inicios, físico. Hoy día cuentan cómo consolidan su relación de 42 años.

La entrega honesta es el secreto que hoy día mantiene unidos a la barranquillera Beatriz Caballero y el antioqueño Henry Alviar. No se ocultan nada, tampoco las 11 esculturas amarillas que adornan la sala de su casa, en el norte de Barranquilla,  y que ‘cobran vida’ para ambientar su historia de amor de 41 años de casados. Su relación es sencilla, pícara, amorosa y comunicativa. Están en una etapa en la que, aseguran, es su “luna de miel”, razón por la que viven a plenitud cada momento que pasa.

Amor a primera vista. Estuvieron frente a frente un día en el que, por cuestiones de la vida, coincidieron en una fiesta en casa de un primo de Beatriz. “Yo no estaba invitado, pero fui de pato”, cuenta Henry de aquel instante, en el que conoció a la mujer de su vida. “Cuando llegué ella estaba sentada pero desde que entré al lugar me llamó la atención”, agrega el antioqueño que en ese momento tenía 24 años. De no ser así “no me hubiese sentado a su lado”. Beatriz, de 17 años en ese instante, explica, visiblemente emocionada, que al verlo fue directo al grano; tanto que le dijo a su hermano: “yo me caso con ese hombre”. Y así tal cual se cumplió; después de esa escena han pasado 42 años en los que–recalcan– nunca se han separado.

La fiesta a la que Henry solo iría por 10 minutos se extendió; se sentó junto a Beatriz e inició una conversación tan honesta y profunda con ella que duró hasta las cinco de la mañana. “La gente se había ido y ya se había regado la bola entre todos que yo estaba encantada con él”, recuerda Beatriz.

En ese entonces, cuenta Henry, “uno miraba a las chicas, a las reinas, y enfocaba a los ‘bollitos’, pero conocer a Beatriz fue descubrir a alguien diferente”. “Ella se volvió una reina para mí”, afirma él mientras ella no puede disimular su agrado por el piropo. “Es que lo físico se acaba”, añade el bogotano.

Secretos. Es un tema de dejar a un lado las prevenciones y construir pareja. “Yo lo logré hacer con ella y ella conmigo”, comenta Henry. “Somos pareja desde jóvenes y la mantenemos hoy día”, agrega.

Sus días transcurren entre Cartagena –donde tienen su casa– y Barranquilla; aunque eventualmente visitan otros lugares. Disfrutan del mar y es allí donde se desconectan “del mundo real”.

Ambos son amantes de los temas relacionados con el arte, la arquitectura–profesión de Henry–, la música, galerías, exposiciones, viajar, en fin, cualquier actividad cultural es excusa para compenetrarse y “disfrutar de las cosas buenas de la vida”.“Siempre se trata de ponerle optimismo y recursividad a las cosas” dice el hombre.

Además, agrega que “caminar de la mano de Dios ha sido pieza fundamental para los integrantes de este hogar”, lo que ha cobrado vital importancia en momentos no tan gratos.

Desde que se casaron se propusieron algo: no acostarse molestos el uno con el otro y, cuentan,  lo han cumplido. Salvo algún par de noches, como es natural. Sobre la clave para mantenerse juntos, cuentan que “la afinidad con la otra persona es verídica; que el otro sienta una atracción real por lo que tú haces”, explica Henry. De allí la importancia de encontrarse el uno al otro. En otras palabras, es admiración, la misma que Beatriz dice sentir por su esposo. “Se trata de una persona que te avive, de compartir, de un motor que esté encendido constantemente y, claro, de admiración; es un soporte”, recalca Henry mirando a su esposa. gc


Henry y Beatriz en el año 1983, a los dos meses de nacer su hija María B.

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