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Ambientes 07 de Abril de 2013

La nostalgia del pasado trasladada a la ciudad

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Foto: Fotografo

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Redacción

Mucha gente se aferra a las añoranzas del pasado y las conserva en fotos y objetos guardados celosamente. Otros, como los dueños de la casa que presentamos esta semana, se dedican a hacer que sus recuerdos sean tangibles: haciéndolos parte de sus hogares,

Mucha gente se aferra a las añoranzas del pasado y las conserva en fotos y objetos guardados celosamente. Otros, como los dueños de la casa que presentamos esta semana, se dedican a hacer que sus recuerdos sean tangibles: haciéndolos parte de sus hogares, de sus espacios.

Este apartamento, ubicado en Barranquilla, está lejos de contener la típica energía citadina propia de una urbe. Más bien evoca una energía que recuerda a la Cartagena de Antaño o la casa de los abuelos, en la Sabana de Córdoba. Y es precisamente cerca de esas latitudes, más exactamente de Cereté, de dónde provienen muchos de los objetos antiguos que decoran sus ambientes.

La dueña de casa y su esposo, un reconocido pintor, son amantes del arte en todas sus expresiones. Por esa razón, decidieron trasladar objetos nostálgicos que pudieran ser recuperados desde la casa de los abuelos de él, hasta la ciudad. La mayoría de esos objetos, además de asegurar una interesante charla con los visitantes, dan un toque retro a los espacios, tan solicitado por estos días.

En su faceta de amantes del arte, coleccionan piezas de diferentes artistas de la región. Prueba de ello es la mesa del estudio, diseñada por el monteriano Nicolás Camargo.

“Es una paila pintada y usada como mesa, con un carrete de barco y boyas de cristal”, explicó la arquitecta y decoradora Margarita De Biase, encargada de fusionar las ideas de los propietarios con un diseño funcional. En este lugar también se observa un mueble de colores, diseñado para complementar los tonos de las máscaras que cuelgan en la pared. Esta gama también fue usada para inspirar los colores de los cojines del sofá.

El estudio colinda con una pared diseñada por el artista dueño de casa, decolorada y desgastada a su gusto. Aquí se encuentran dos piezas principales sacadas de la elegante casa de la abuela en Córdoba: un mueble con espejo, de inspiración francesa y una estufa antigua con hornilla que aún funciona, pero que solo es usada como elemento decorativo en este caso.

El comedor es de bambú, el primero que compró esta pareja al casarse. Está situado en un acogedor rincón que se nutre de luz natural y está dotada de un mueble diseñado por Fernando López. Aquí no hay restricción de color. En general, se mantienen acentos de diferentes tonos, (amarillo, naranja, rojo, verde) en adornos, cuadros y las decenas de detalles, como el hall repleto de fotografías familiares que también evoca el ayer y los ayuda a mantener a sus seres queridos “más cerca del corazón”.

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